viernes, 1 de noviembre de 2013

Se cumplen 66 años de la muerte de Óscar Castro



Óscar Castro
Oscar Castro.jpg
Nacimiento25 de marzo de 1910
RancaguaChile
Defunción1 de noviembre de 1947
SantiagoChile
SeudónimoÓscar Castro
OcupaciónPoeta y escritor
NacionalidadChilena
PeríodoSiglo XX
GéneroLírica, narrativa
MovimientosSuperrealismo
Influido por[mostrar]
Óscar Castro Zúñiga (RancaguaChile25 de marzo de 1910 - Santiago1 de noviembre de 1947), fue un destacado escritor y poeta chileno. Su obra literaria abarcó la poesía, con un lenguaje transparente, humano y melancólico y con una métrica perfecta; y la narrativa mucho más realista y cercana al criollismo. Se casó con Isolda Pradel.

Biografía[editar · editar código]

Óscar Castro Zúñiga nació el 25 de marzo de 1910 en Rancagua, hijo de Francisco Castro y María Esperanza Zúñiga, siendo el tercero de seis hermanos: Graciela, Javier, Elva, Irma y Raúl. En 1917 ingresa como alumno regular a la Escuela Superior N°3, sin embargo enferma de tos convulsiva y es obligado a dejar el colegio.
En 1923, la familia tras ser abandonada por su padre, reciben el apoyo de Julio Valenzuela, un pariente, quien matricula a Óscar en el Instituto O'Higgins de Rancagua, donde permanece un año. Por orgullo no permite que su tío lo siga ayudando, convirtiéndose en un autodidacta.
En 1926 escribe sus primeros poemas que son publicados por la revista Don Fausto, bajo el seudónimo de "Raúl Gris", a honra de su hermano menor. En 1929, aparece publicado su primer poema firmado con su verdadero nombre, el que se titula Poema a su Ausencia.
En 1934 fallece su hermano Javier. El 25 de octubre del mismo año funda el grupo literario "Los Inútiles", junto a ocho escritores y periodistas de la región, incluyendo a Nicomedes Guzmán y Agustín Zumaeta Basalto. En 1935 ingresa como redactor al diario La Tribuna. Ese mismo año contrae matrimonio con la poetisa Ernestina Zúñiga, más conocida por su seudónimo Isolda Pradel. Este hecho es desaprobado por su madre quien lo expulsa del hogar. La pareja vive horas difíciles, siendo posteriormente perdonado por su progenitora.
Su consagración literaria llegó en 1936 cuando escribió Responso a Federico García Lorca en homenaje al autor español muerto en la guerra civil española. El 12 de junio de 1937, fallece su madre. Ese mismo año la Editorial Nascimento publica su primer libro de poemas Camino en el Alba.
En 1939, obtiene premios por una serie de cuentos campesinos en Argentina, y Editorial Zig-Zag publica su primer libro de cuentos Huellas en la Tierra. En 1941, por un Decreto delMinisterio de Educación es nombrado bibliotecario del Liceo de Hombres de Rancagua (rebautizado en 1971 como "Liceo Óscar Castro Zúñiga" gracias a la gestión de estudiantes y miembros del grupo literario "Los Inútiles"). En ese plantel educacional también trabajó como periodista y profesor de Lengua Castellana. Ese mismo año crea el Liceo Nocturno de Rancagua junto con otros profesores.
En 1945 fallece su hija Leticia Esmeralda, de sólo once meses. Ese mismo año se le diagnostica tuberculosis pulmonar, debiendo permanecer en reposo dos meses. En el año 1946decide aceptar un puesto el Liceo Juan Antonio Ríos de Santiago, donde inicia sus labores el 8 de marzo de 1947 y viaja continuamente a Rancagua. Su salud se resiente en forma grave e ingresa al Hospital Salvador el 12 de septiembre, falleciendo el 1 de noviembre de 1947 en Santiago de Chile.

Estilo[editar · editar código]

La obra literaria de Castro abarcó dos segmentos bien determinados y, en parte, diferentes estilísticamente. Por una parte, su poesía, de matices melancólicos, leves, transparente en su lenguaje, diáfana y lírica en sus metáforas, de una métrica impecable y de gran maestría en la composición de romances, que se aprecia en libros como Viaje del alba a la noche de 1938, avalado por un prólogo de Augusto D'HalmarLas alas del fénix, de 1943, o el póstumoGlosario gongorino, publicado en 1948. Por otra parte, su narrativa, que en cuentos como Huellas en la tierra de 1940 y La sombra de las cumbres de 1947, se muestra más realista, cercana al criollismo. En sus novelas, entre las que destaca Llampo de sangre, el estilo y los temas de Óscar Castro son aun menos poéticos y adhieren un realismo crudo y visceral. En cambio, sus textos autobiográficos que conforman Comarca del jazmín, publicado en 1945, donde retrata su niñez y entrega una vívida visión de su ciudad natal, Rancagua, mantienen la gracilidad lingüística y el lirismo poético que despliega en su poesía.
La voz lírica de Óscar Castro es de una originalidad casi excéntrica dentro de la poesía chilena, que va desde una asimilación muy personal de Federico García Lorca y el cancionero tradicional, llevándolo a temas propios del campo y la provincia de la zona central chilena; así como una lírica de tono mayor, más profunda, que entronca con Walt Whitman y Luis de Góngora. A pesar de los disímiles poetas tutelares, en toda su poesía se mantiene, reconoce y evoluciona una voz personal y única, con el inconfundible sello de Óscar Castro: claridad, transparencia, humanismo, amor y erotismo, justicia social y un prolijo y cuidado manejo del lenguaje, de la palabra precisa, del adjetivo justo.

Obras[editar · editar código]

Poemas de Óscar Castro en la entrada del liceo que lleva su nombre.
De su obra lírica cabe destacar:
  • Camino en el alba (1937)
  • Viaje del alba a la noche (1938)
  • Reconquista del hombre (1944)
  • Rocío en el trébol
  • Glosario gongorino (póstuma, 1948)
Escribió cuentos y novelas tales como:
  • Huellas en la tierra (1940)
  • Llampo de sangre (1950)
  • Comarca del jazmín (1945)
  • La vida simplemente (1951)
  • Lina y su sombra
  • Lucero
  • El valle de la montaña (póstuma, 1967)

Enlaces externos[editar · editar código]


(Tomado de lla Enciclopedia virtual WIKIPEDIA).

viernes, 24 de mayo de 2013

No quiero, triste espíritu, volver... (Luis Cernuda, poeta español, nacido en Sevilla en 1902 y fallecido en México D.F. en 1963. Es uno de los más importantes líricos hispanos del siglo veinte)



No quiero, triste espíritu, volver
por los lugares que cruzó mi llanto,
latir secreto entre los cuerpos vivos
como yo también fui.

No quiero recordar
un instante feliz entre tormentos;
goce o pena es igual,
todo es triste al volver.

Aún va conmigo como una luz ajena
aquel destino niño,
aquellos dulces ojos juveniles,
aquella antigua herida.

No, no quisiera volver,
sino morir aún más,
arrancar una sombra,
olvidar un olvido.

lunes, 1 de abril de 2013

SOY LA MUCHACHA MALA DE LA HISTORIA de María Emilia Cornejo, poeta peruana, nacida en 1949, se suicidó en 1972.


Soy
La muchacha mala de la historia
La que fornicó con tres hombres
Y le sacó cuernos a su marido.

Soy la mujer
Que lo engaño cotidianamente
Por un miserable plato de lentejas,
La que le quitó lentamente su ropaje de bondad
Hasta convertirlo en una piedra
Negra y estéril
Soy la mujer que lo castró
Con infinitos gestos de ternura
Y gemidos falsos en la cama

Soy
La muchacha mala de la historia.

miércoles, 20 de marzo de 2013

GRANDES POEMAS CONTEMPORÁNEOS...LLEVA DOSCIENTAS MIL VISITAS



Por José G. Martínez Fernández.


Un orgullo es para nosotros, que amamos la cultura y la justicia, que un espacio nuestro en internet esté batiendo récords.

Hablamos de cultura y de justicia porque ese espacio -blog- es un centro para la difusión de la poesía y la poesía ha sido, a través de toda la historia, una palanca de belleza que, por sí misma, es, muchas veces, un arma en búsqueda de justicia.

GRANDES POEMAS CONTEMPORÁNEOS es el sitio de que hablamos.

Creado el  28 de septiembre de 2008 dos días después fue publicado allí el primer poema, GLADIOLOS JUNTO AL MAR, del poeta chileno Óscar Hahn.

Tres años después, en octubre de 2011, GRANDES POEMAS CONTEMPORÁNEOS alcanzó las 100.000 (CIEN MIL) visitas y, un año y medio después, hace muy pocos días, alcanzó las 200.000 (DOSCIENTAS MIL) visitas.

El último poema publicado lo fue el 01 de marzo de este 2013 y se llama BALADILLA DE LOS TRES PUÑALES del poeta español Rafael de León.

En dicho espacio hemos publicado poemas contemporáneos de autores de los más diversos países del orbe.

Grandes poemas es el justo nombre que le dimos al nacer y no imaginábamos el éxito que tendría...Fíjense...Los visitantes de este sitio tiene más habitantes que la ciudad de Arica (tierra del creador del blog) y equivale a TRES ESTADIOS NACIONALES LLENOS (eso en la capital de Chile) y vamos por más. En estos mismos momentos ya están ingresando más lectores. Esto no para. Esto se agiganta.

Cuando en 2011 llegamos a los CIEN MIL VISITANTES publicamos un artículo en algunos medios digitales sobre ello y, desde esa fecha, nuestro sitio es publicitado permanentemente en algunos de esos medios...en especial en REDACCION POPULAR que dirige el historiador argentino Raúl Isman.

Esta alegría nuestra tiene que ver con la posibilidad de hacer llegar el arte -en este caso la poesía- en forma gratuita a todos los que aman tan bella arte.

Y seguiremos bregando para que nuestro blog siga teniendo millares de nuevas visitas. Queremos hacer de GRANDES POEMAS CONTEMPORÁNEOS el sitio de dicha tendencia con una de las mayores lectorías en el mundo.

sábado, 2 de marzo de 2013

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER, SIMPLEMENTE UN GRAN MAESTRO







Por José G. Martínez Fernández.


A Gustavo Adolfo Bécquer se le conoce como “un poeta romántico tardío” en la España de la segunda mitad del siglo XIX, aquel período que tuvo, quizás, al más grande de los oradores en lengua hispana de todos los tiempos: Emilio Castelar.


Y si Bécquer fue el último poeta del romanticismo en España ello se debe a que antes, en la península ibérica, había figuras como José de Espronceda y Rosalía de Castro, dos grandes aedas de dicho movimiento.


Los románticos de la Europa del XIX –franceses, alemanes, italianos y otros- habían creado su poesía, durante el alba de dicho siglo.


Casi en el mismo instante histórico, en nuestra lengua, teníamos a los citados Espronceda y Castro.


El que vendría más tarde y sería consagrado como el más grande creador romántico era un muchacho sevillano llegado a Madrid cargado de ilusiones y de pobrezas materiales.


Había nacido en 1836 y su nombre verdadero era Gustavo Adolfo Domínguez, pero al firmar sus textos se deshizo del Domínguez y se hizo llamar Bécquer, que es el segundo apellido de su padre.


Se señala que escribió sus primeros poemas entre los 21 y 22 años, pero esos escritos se perdieron, quizás en una noche de bohemia del poeta; quien, sin embargo, gracias a su enorme memoria, logró reconstruir parte de los mismos.


La poesía de Bécquer –por su extraordinaria sencillez- ha sido criticada a veces por quienes creen que están descubriendo un nuevo universo verbal y que lo becqueriano es, simplemente, demasiado ingenuo.


En realidad los sencillos verbos que Bécquer marca en sus poemas de temas habituales y universales, son de una innovación mayúscula para su tiempo con lo que anunciará la posterior etapa de la poesía castellana en que Rubén Darío será el líder.


Bastaría centrarse en la belleza gigante del verbo del sevillano haciendo una lectura inteligente para entender porque críticos de la talla de Menéndez Pelayo y Dámaso Alonso le han dado una altura literaria importantísima.


Ha de saberse que, también, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Rafael Alberti y tantos otros grandes de la lírica de la España de comienzo y mitad del siglo XX le atribuyen una grandeza singular al indicar que recibieron su influencia.


Influencia que, además, encontramos en grandes poetas chilenos como Cruchaga Santa María, Óscar Castro, Roberto Meza Fuentes y Óscar Hahn, por sólo citar a cuatro.


Numerosos estudiosos de la poesía en español, aparte de Menéndez y de Alonso, han reconocido que el sevillano ha sido el más grande poeta de la España del siglo XIX y el segundo más grande de toda la historia poética de esa nación, lugar que obtiene sólo tras la figura de Luis de Góngora, bardo del siglo de Oro.


La poesía becqueriana emociona aún y aún es palabra en boca de millones de mortales en toda la lengua hispana y en las otras innumerables lenguas en que está traducida.


Su genialidad es mayúscula. Su estatua poética es inamovible. Su permanencia en la historia de la poesía es indiscutible.


Gustavo Adolfo Bécquer simplemente es UN BARDO MUY GRANDE.


Un maestro de la emoción que no alcanzó a ver sus versos publicados durante su corta vida.


Falleció en Madrid en 1870.


Es decir le bastaron 34 años de camino por esta tierra para dejar su nombre como una enorme esfinge de metal noble.


Toda la grandeza de su poesía se descubrió después para suerte de nuestra hermosa lengua romance y los ávidos amantes de la gran lírica.


En 1871, en un acto solidario de sus amigos, fue editado, en dos tomos, su trabajo bajo el nombre de OBRAS.


Allí también iban sus famosas LEYENDAS, otro hito creativo enorme de Bécquer, que, a pesar de su altura literaria, no alcanzó la calidad de su poética.

jueves, 17 de enero de 2013

EL SASTRE VIVARACHO (por Boris Correa Monardes)


                      

            Este relato ocurrió antes de la época de oro de la ciudad de Arica, o sea en los años dorados del Puerto Libre, por allá en 1942, cuando el mundo se debatía en el caos y la incertidumbre de la Segunda Guerra Mundial que azotaba al continente europeo.
            Carlos González trabajaba en las oficinas de la Empresa  Ferrocarriles del Estado, situada al final de calle 21 de Mayo, cuyas dependencias sirven hoy para varios menesteres, menos para lo que fue construida, prestar servicios de traslado para pasajeros y mercaderías de Arica a Tacna.
            En esos años las telas fabricadas en Chile eran todas de mala calidad, se arrugaban demasiado y se desteñían con facilidad al primer lavado encogiendo también de una manera alarmante con la primera mojada. Los casimires importados tenían un costo prohibitivo para el ciudadano común y corriente que vivía de un salario normal. Por lo tanto el tener un terno o ambo de un casimir inglés era un lujo que pocos podían permitirse. Había que conformarse con el nacional, teniendo que soportar que la raya del pantalón se borrara fácilmente a la primera sentada en que no se arremangara un poquito la tela que cubría las piernas. De no hacerlo el bulto al costado de las rodillas era notorio, se les llamaba rodilleras y se veía muy mal en el conjunto con que hacían juego, el chaleco y el vestón, mal llamado paletó. Todavía quedamos muchos varones que tenemos el hábito de subirnos el pantalón cada vez que nos sentamos.
            Yo en esos años usaba pantalón corto por lo cual no tenía ningún problema de esta índole pero cuando llegué a la adolescencia me enseñaron a doblar prolijamente el pantalón por las noches antes de acostarme y colocarlo debajo de la almohada. Al día siguiente lo encontraba estiradito, como planchado, y la raya marcadita en su lugar.
            Pero que tiene que ver todo este cuento con el sastre del relato. Mucho. En esos tiempos los sastres y las modistas eran muy requeridos por la gente. No existía la profusión de ropa hecha que hay en la actualidad y comprarse un traje en una tienda del rubro era una falacia  que lo endeudaría por varios meses ya que no existían tiendas que dieran créditos más largos que dos o tres meses, y por poco dinero. A la gente tampoco le gustaba encalillarse porque el cumplimiento con el pago mensual era cosa de honor y no cumplir con ellos era muy mal mirado por la sociedad. O sea, eran otros tiempos.
            El sastre de apellido Girón era muy conocido en el sector del Mercado Municipal pues tenía su taller en el pasaje Sangra, al lado de la plazuela, mal llamada de los Cesantes, pues allí se juntaban a diario viejos jubilados y gente que trabajaba en el mercado ayudando en la carga y descarga de productos del agro a los abasteros, además de  los puestos de venta de pescado y carnicerías. Como este trabajo se ejecutaba sólo a tempranas horas de la mañana les quedaba la tarde libre para dormir en los bancos de esa plazuela después de haberse mandado al buche sus buenos platos de comida, acompañados, por supuesto,  por sendos cañones de vino de la casa, vaciados de enormes damajuanas o chuicos en el que venían envasados.
            González conocía de vista a este sastre pues viviendo en la calle Sotomayor hacía su recorrido diario para ir y regresar de su trabajo por esa arteria, que varios años después se convirtió, al amparo del comercio del puerto libre, en una gran feria de objetos importados. Por lo tanto no resulta raro que la tela que compró, con un pago al contado y dos cuotas mensuales, se la llevara al señor Girón, quién como buen comerciante, de origen peruano, le prometió que le confeccionaría el terno en dos semanas y alabó a Dios que le indicó a su cliente el lugar preciso donde debía asistir para la confección de la prenda más elemental de un verdadero caballero, porque, le dijo. En Arica hace mucha calor todo el año y pocos se atreven a vestirse con ternos y con la consabida corbata. Sólo los caballeros como usted, mi amigo, se dan ese gusto para admiración del sexo femenino, que le aseguro, mi amigo,  hará enloquecer de pasión a las hermosas muchachas casaderas de este querido puerto.  Don Carlos no le quiso contar que él ya estaba casado y en este pueblo tan pequeño no se puede ser infiel porque no falta el conocido que lo vea y se lo cuente a su mujer. Y como al sexo femenino le gusta comentar las cosas malas antes que las buenas de seguro que no tardaría en pasar mucho tiempo en que lo supiera todo el puerto. No... Estaba feliz siendo el monógamo de la casa y nunca se arriesgaría a una aventura por causa de su futuro terno con  chaleco y su buena pinta de maniquí de tienda.
            Después de tomarle las consabidas medidas le dio un plazo de una semana para ir a probarse la confección y después proceder a armarlo y coserlo. Eso tomaría otra semana, porque hay que hacer un trabajo muy prolijo, mi amigo. Tener clientes contentos y satisfechos es mi lema amigo,  pues de seguro que volverá o me recomendará a otros de sus compañeros de trabajo o conocidos. Esta es la clave de mi éxito en este rubro, mi amigo.  REC.  Rapidez, eficacia  y calidad.
            Carlos estaba contento, había caído sin pensar en muy buenas manos, y lo mejor, sin haber consultado a nadie sobre este sastre. Pura buena suerte que tiene uno, nomás. Dios ayuda al inocente, se dijo.
            Pasó una semana y al volver del trabajo saludaba efusivamente al señor Girón, al mismo que lo dejaría convertido en un Dandy con su traje de tres piezas, y aunque fuera de tela nacional, bien confeccionado pasaría como uno de tela importada. Además él pensaba usarlo los días domingos y en alguna ocasión especial nada más. No deseaba echarlo al trajín o para ir a la oficina, en la cual todos andaban en manga de camisas pues nunca, ni en pleno invierno, hacía frío.
            La gran sorpresa se la llevó al pasar una semana e irse a probar la prenda, tal como lo habían acordado al comienzo, cuando le llevó la tela y se le tomaron las medidas.
            El señor Girón lo miró con cara de consternación y con voz que parecía muy sincera le dijo: Querido amigo mío, me va a perdonar pero le tengo malas noticias. Carlos se sorprendió pero inmediatamente pensó; me va a salir con la mentira que no ha tenido tiempo y que pase a probarme en unos días más. Bueno, que se le va a hacer, casi todos los maestros, no importa la profesión que ejerzan, son iguales, buenos para prometer y pedir un adelanto del presupuesto y cuando llega la hora de cumplir siempre salen con excusas de las más inverosímiles, y hay que creerles nomás. Así es la vida. Pero esta vez estaba totalmente equivocado, la mala noticia no tenía parangón en la historia de los sastres. Era descabellada pero ahí estaba, imposible de creer, inaudita.
            El señor Guijón desapareció un instante y se dirigió al patio trasero volviendo casi de inmediato con un pedazo de tela de veinte centímetros y aun estilando de agua. La estrujó un poco y le dijo; Para no tener problemas después de confeccionar el traje la sumergí antes en agua para que perdiera la goma de fabricación que siempre traen adheridas y así el terno no le encogiera al primer lavado y perdiera el dinero invertido en su confección. Cual no sería mi sorpresa al ir a sacarlo de la artesa  y ver cuanto encogió. Me dije, el señor González no me va a creer lo que pasó, ni yo lo creo, primera vez que me pasa esto en mis veinte años de trabajo como sastre.
            Lo único que le aconsejaría es ir a la tienda donde lo compró y preguntar cuanto es lo que encoge esta tela con el agua. Ellos deben saberlo con toda seguridad pero no dicen nada al cliente para no perder la venta, después se desquitan con el fabricante, al cual sólo ellos pueden ubicar para el reclamo. Tome, lléveles la tela así mojada como está y exíjales que le devuelvan el dinero. Abusan con la gente del pueblo que no sabe nada de telas.
            Carlos hizo lo solicitado por el sastre y no se demoró ni una hora en volver  con la respuesta.
            Me dijeron que de una pieza de tela de ciento cincuenta  metros era posible que encogiera el dos por ciento, o sea, como tres metros a lo máximo, en el peor de los casos.
            ¡Ahí está pues, mi amigo!, le respondió el sastre. Justo a ti te dieron los tres metros que encogían.